“El Conde de Montecristo” es mi novela favorita, de eso no cabe duda. Pues bien, cuando me lancé a la caza de esta segunda parte encontré muchas dificultades en encontrar una edición decente. Por fin estas Navidades, Laura me lo regaló pues sabía que tras años de infructuosa búsqueda no había logrado encontrarlo. Parto de este agradecimiento porque el resto de la entrada va a ser ligeramente incendiario, y no quiero bajo ningún concepto que pueda pensar que desprecio su regalo.
Pues bien, habiendo sentado esto pasemos al tema que nos ocupa: “La mano del muerto : continuación de El Conde de Montecristo” por Alejandro Dumas Padre. Este folletín se publicó siempre con el subtítulo de “Continuación de El Conde de Montecristo” y se ha puesto numerosas veces en duda si su autoría pertenece realmente o no a Dumas. Yo mantengo que esta suerte de novelucha simple y precipitada no es del maestro francés. Los personajes ofrecen una bidimensionalidad anodina, centrados y sin matices. Las interacciones entre fuertes personalidades, los dilemas morales planteados, las reflexiones… son hasta tal punto simples y centradas, sin apenas divergencias que nos inviten a pensar, que no pueden salir de la misma pluma que “El Conde”.
Trataré de olvidar esta lectura… vosotros, tratad de evitarla.
Seguir Leyendo... atchung! SPOILERS
En esta secuela, el protagonista es Benedetto, el malogrado hijo de Villefort. La trama parte de la venganza que impone el magistrado sobre su verdugo Edmundo Dantés y que es recogida por su hijo para llevarla a término empuñando la mano del muerto, que ha seccionado del cadáver de su padre al salir de prisión. A partir de entonces la venganza se desarrolla en términos similares a la del Conde de Montecristo. Benedetto consigue los medios para verse encumbrado en cuanto a dinero y poder. Estos no son tan lícitos como los del Conde, Benedetto engaña, traiciona y se cree enviado de la justicia divina que a Edmundo Dantes se le fue de las manos. Desde entonces cada personaje que se encuentra en su camino resulta corrompido y comienza a odiar al Conde. La difamación y su macabra reliquia hacen que los supersticiosos italianos clamen contra Montecristo tanto como antes lo ensalzaban. De manera absurda, unos personajes reconocen al Príncipe Calcavanti en Benedetto como otros parecen haberlo olvidado súbitamente.
La trama se precipita hasta un desenlace tan innecesario como demasiado moralista. Una especie de equilibrio cósmico destruye a cada ser, desde los más inocentes hasta las manos más vengativas. El hijo de Villefort y de Herminia Danglars devuelve punto por punto al Conde todo el daño inflingido en su venganza. Secuestra al hijo del Conde, deja que su mujer muera en sus brazos sin que él reciba el descanso del último viaje y finalmente lo condena a una vida de arrepentimiento destrozando los cimientos morales y de autoridad sobre los que se levantaba la venganza de Montecristo. En el final de la novela, descubrimos que Edmundo Dantes nunca dejó de amar a Mercedes, siendo Haydee solo un espejismo con el que calmar su alma y encontrar una paz íntima, y por este amor, Edmundo Dantés, expira en el mismo instante que el cuerpo sin vida de Mercedes la Catalana toca la tierra de su sepulcro.
Todos los personajes que conocíamos de la primera novela, mueren. Un equilibrio cósmico, las leyes del karma quizá, acaba con ellos de manera cruenta. Danglars muere en un motín, ejerciendo de piloto de una nave que no le pertenecía ¿os suena esta situación de Danglars? Luigi Vampa es por fín ajusticiado al perder el rumbo cayendo enamorado de Eugenia Danglars y siendo traicionado por sus hombres. Herminia Danglars acaba en un convento, de monja que auxilia a los penitentes, asistiendo a su hijo Benedetto el día de su ejecución (si, en esta novela Benedetto conoce que ha de acabar así, nunca lo evita). Mercedes muere de pena y melancolía, y el Conde muere con ella, al igual que pensó morir al lado de Haydee que se envenena compartiendo su cáliz con el Conde quien sin embargo no falleció. Alberto de Morcef, Valentina y Maximiliano Morrel (estos últimos con sus hijos adoptivos, uno el hijo del Conde y Haydee, la otra hija de Eugenia Danglars y Luigi VAmpa) mueren en el naufragio de un barco que partía para Argel. ¿Veis la inutilidad e innecesariedad de este final?
Esta novela no es para mi de Dumas, no puede construir un personaje como el Conde de Montecristo para luego deconstruirlo, derribarlo de ese modo. No puede crear una novela simple, una narración de hechos sin un fundamento y estilo reales. Trataré de olvidar esta lectura… vosotros, tratad de evitarla.
lunes, 26 de enero de 2009
"La mano del muerto" por Alejandro Dumas o el libro que desearía nunca haber leído.
sábado, 27 de diciembre de 2008
Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso.

Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso. Esta novela de Miguel Delibes cayó en mis manos por casualidad, o, hablemos propiamente, por serendipia. Limpiando/reordenando una libreria en casa de mi abuela vi esta edicion, algo ajada ya y con los cantos amarillentos, desprendiendo ese olor a papel viejo que tanto me agrada. No me miréis así. Hay personas que disfrutan con el picor del humo en su garganta o el regusto amargo de un buen vino en el paladar. Pues bien, a mi me encanta el olor ligeramente acre, a madera, capaz de hacer esornudar a narices más delicadas que la mia.
Sinopsis subjetiva...
En esta novela epistolar, Miguel Delibes utiliza ese estilo que le es propio consiguiendo que cosas de lo más triviales sean algo que disfrutes leyendo. El libro recoge las cartas que Eugenio Sanz, un periodista recién jubilado, escribe a Rocio, una viuda de 56 años. El protagonista, es un escéptico romántico que se topa con un anuncio en "La correspondencia sentimental" sintiéndose inmediatamente atraído por esas escuetas líneas. Comienza así una relación de carta, sello y buzón (siguen existiendo a pesar de los e-mails) en la que, el tono formal y comedido da paso a ardientes palabras de amor de un pecho inflamado. Su adorada Rocio, la frçia sevillana, no es tan vehemente como él. Esto sólo lo podemos intuir, ya que sólo se reproducen las cartas de Eugenio, pero poco a poco el hilo nos atrapa. Enamorado, romántico... sí, pero un solterón escéptico como trasfondo. No le oculta sus achaques, sus fobias, sus secretos... la ternura reside en cómo cada hecho cotidiano, cada cosa que describe, tiene a Rocio presente.
Al final (no lo voy a destripar) tenemos una historia, no sólo de amor, si no una pequeña historia de vida. Es un libro que, si no lo habéis adivinado ya, me encanta. Un gran libro.